La Biblia
es la palabra de Dios
La Biblia es realmente la Palabra de
Dios, debemos apreciarla, estudiarla, obedecerla y finalmente confiar en ella.
Siendo la Biblia la Palabra de Dios, entonces, rechazarla es rechazar a Dios
mismo.
El hecho de que Dios nos dio la Biblia, es una evidencia e ilustración de Su
amor por nosotros. El término “revelación” simplemente significa que Dios
comunicó a la humanidad cómo es El y cómo podemos tener una correcta relación
con El. Estas son cosas que no podríamos haber conocido si Dios divinamente, no
nos lo hubiera revelado por medio de la Biblia. Aunque la revelación de Dios
mismo en la Biblia fue dada progresivamente por sobre los 1500 años
aproximadamente, siempre ha contenido cualquier cosa que el hombre ha
necesitado para conocer acerca de Dios, a fin de tener una correcta relación
con El. Si la Biblia es realmente la Palabra de Dios, entonces esta es la
última autoridad para todos los asuntos de fe, práctica religiosa y moral.
A través del tiempo, los escépticos han considerado a la Biblia como
mitológica, pero la arqueología la ha establecido como histórica. Los oponentes
han atacado su enseñanza como primitiva y anticuada, pero sus conceptos morales
y legales, y enseñanzas, han tenido una influencia positiva en sociedades y
culturas en todo el mundo. Continúa siendo atacada por la ciencia, la
psicología y los movimientos políticos, no obstante permanece tan veraz y
relevante hoy, al igual que desde cuando fue escrita. Este es un libro que ha
transformado innumerables vidas y culturas a través de los últimos dos mil
años. Por mucho que sus oponentes traten de atacar, destruir o desacreditarla,
la Biblia permanece tan fuerte, tan real, y tan relevante como lo fue antes,
aún después de los ataques. La precisión con la que ha sido preservada a pesar
de cada intento de alterarla, atacarla o destruirla, es un claro testimonio del
hecho de que la Biblia es realmente la Palabra de Dios. No debería
sorprendernos que por muy atacada que sea la Biblia, ésta siempre aparece igual
y ha salido ilesa. Después de todo,
Jesús dijo, “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”
(Marcos 13:31).

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